1 de Enero

Acabo de volver a ver, después de muchos años Odisea del Espacio. Y la vi porque hace largo, largo tiempo, me lo sugirió Yerbabuena para que observara los espacios de la película, el espacio en el que se desarrolla la vida en la nave. Creo que le extrañaba que en aquella época, 1968, y antes, porque empezaron Kubik y Clark en el 64 a trabajar en ella, se pensaran esos espacios. Creo que pensaba que en esa época esas imágenes eran muy precursoras.
Sin embargo no es así. Asimov escribió Fundación I en la década del 40 y su descripción del cosmodromo es algo que yo, que la leí en la década del 60 no puedo olvidar. La inmensidad de ese espacio, la escala que, de alguna manera, anticipa la de los inmensos aeropuertos actuales, quedó grabada en mi mente.
Por otro lado, Arthur Clarke, eminente matemático y además precursor de la utilización de satélites para el análisis del clima, era al mismo tiempo un gran escritor de ciencia ficción. Por entonces, los conocimientos teóricos anticipaban el desarrollo tecnológico posterior y los grandes escritores de ciencia ficción eran científicos o gente muy ligada a esos ambientes e imaginaban el futuro posible en base a ello. De algún modo en arquitectura las postulaciones metabolistas de grandes estructuras en las que se enchufaban cápsulas respondían también a esa visión de las posibilidades de la técnica y de un mundo más allá de la tierra, de lo que se venía construyendo, que se estaba desarrollando para responder a los grandes cambios de la época. Ya a principios de siglo los constructivistas rusos también dibujaban ciudades futuristas que parecen salidas de una novela de ciencia ficción. La imágen tan limpia, con esas esquinas curvas, espacios amplios casi vacíos era la imagen que se unía al espacio. Como algo antagónico a lo doméstico, a la calidez, a la escala humana. En el espacio los seres son absolutamente blancos, como estériles, todo es suave, silencioso, hasta la falta de gravedad ayuda con esa levedad que aporta a los seres humanos.
Hay unas sillas naranjas cuando el protagonista baja de la nave, al principio, que parecen hoy futuristas. Sin embargo, creo que son las sillas Panton, diseñador danés que las dió a luz a fin de la década del 50, una silla monobloc de plastico que fue símbolo de los 60 y sin embargo recién ahora se vende en Europa para más que un círculo de iniciados… así pasa también con los muebles de Le Corbusier que son aún anteriores en muchos años…
A principios del 20 la imagen guía eran los aviones, los barcos, los silos…de los barcos derivaba una arquitectura de espacios mínimos que intentaba resolver el problema de hacinamiento de las ciudades de esa época. La imagen actual, une estos sueños del espacio con un fenómeno de la arquitectura-espectáculo en la que también se trabaja con grandes espacios, acabados minimalistas, superficies curvas y plegadas que se unen de alguna manera a la visión precursora de la película. Estas imagenes no se superaron, Alien, que es de los años 70 maneja el mismo paradigna, lo puro, blanco, super-deshumanizado en el sentido de las necesidades primarias del hombre que derivan de sus relaciones humanas y sociales. En las naves todo es como absolutamente profesional y falto de las más elementales pasiones.

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