VIVENCIAS IV

Carta al Taller
Entrevista con Levrero

Hola, ya pensaban que me había escapado del Taller, verdad?
Es extraño lo que me pasa con esto, primero la historia de mi tardanza el día que fui a ver a Levrero y ahora pierdo todo lo que tenía escrito sobre ese día.. Así que les contaré.
Tenía que estar a las seis. Obviamente quería llegar en punto , para eso tomé un taxi en la parada de Av. Brasil y Benito Blanco y me bajé a las seis en punto, precisión germánica, en la esquina de la casa de Levrero. Pero, oh desventura! No tenía ni el papel con su dirección y teléfono y con los datos de una prima a cuya casa debía ir después, ni mi DNI español , todo desaparecido. Pregunté a un policía para saber si se podía conectar con la radio de los taxis pero no sólo no era posible sino que, por supuesto, no tenía ni idea del número, ni de nada, así que me recomendó que me fuera a la parada. Eso hice, nuevo taxi, a la parada de Pocitos . Por supuesto, el taxi no había llegado así que me llevé el teléfono de la parada y me volví un rato a mi casa, bueno a la de mis tíos, que queda a tres cuadras. Al llegar llamo y ahí tuve suerte, había llegado el sujeto y tenía todos mis papeles. Así que, otra vez a la parada y otra vez taxi a casa de Levrero ( total, tres taxis y en términos capitalistas, 210 pesos ) En el camino me contó que pasó por su casa y su mujer vió los papeles y lo llamó al Doctor ( Levrero anda clandestino por la vida y da nombre de un doctor ) que la está esperando. Yo primero no entendía nada, Doctor? Ah, sí , claro, me está esperando… Y me dijo: ” mi mujer estaba segura de que usted iba a ir a la parada, pero yo le decía que no.” A lo que yo idiota y obviamente le contesté : ” ve?, las mujeres somos inteligentes”. Bueno , con ese nivel de pensamiento llego a las siete menos cuarto a casa de Levrero que , amablemente y algo preocupado, creo, por si yo hubiera podido haber desaparecido junto con los papeles, ¿ cómo iba a suponer que yo no recordaba el número de la casa?, me estaba esperando. Antes de seguir con el encuentro en la tercera fase, les cuento que en el avión escribí mis impresiones pero que no tengo idea en qué momento desaparecieron del estante y fueron a parar a la papelera. Y antes también debo contarles de mi otro encuentro en la tercera fase, con Luis Mario, a las ocho de la mañana en la escalera de acceso al portal de mi casa. Caminamos por la rambla, POR LA RAMBLA DE POCITOS!!! , tomamos un café en un hermoso bar cuyo nombre no recuerdo y hablamos largamente. No voy a hablar del color de sus ojos, no me voy a copiar, pero les diré que fue un encuentro hermoso, hablamos mucho, creo que nos hicimos amigos, verdad Luis Mario? y después , otro día vino a casa y me trajo un valioso regalo , el libro de Gabriela Onetto. Sí, señoras y señores, eso sí que tiene valor, un libro agotado de Sor Juana. Aviso al personal de España que hay fotocopias a disposición de los interesados. .
Bueno, creo que están todos esperando saber si Levrero es o no es cascarrabias. Pues no, no lo es, absolutamente no. Y con esto podría terminar, pero voy a contar algo más de mis impresiones. Bueno, entré a la casa, Levrero estaba ahí, igual a su retrato en la página web, acercándose para recibirme. Les diré ….AYYYYY!!! me llamó Rowena del bar de enfrente, tengo que bajar, espero que no se borre todo. Al volver sigo y lo mando, PROMETIDO…

Entrevista con Levrero – 2da. parte

Sigo la historia… Se acercó Levrero caminando pausadamente. Tiene una forma de caminar que denota una cierta dificultad, más que eso, da la sensación de que no estuviera acostumbrado a caminar. Y les diré que es así, que casi no sale de su casa, según sus propias palabras. Su casa, qué les puedo contar. Desde detrás de una puerta de vidrio que aparece cuando uno baja del ascensor, se ve una gran mesa de madera rodeada de sillas. Creo que pasé por ahí cuando nos dirigimos a una sala, más chica, donde había dos sillones enfrentados , a mi izquierda una cajonera alta y a la derecha una ventana, desde donde al acercarse se veía parte de la plaza Independencia y desde donde, cuando estabas sentado, se veía una obra, no recuerdo si terminada o en construcción. En el techo un gran ventilador y una lamparita que daba una luz algo tenue o mortecina. En la pared, frente a mi sillón y sobre el sillón de cuero marrón sobre el que estaba sentado Levrero un odiado aparato de aire acondicionado que , intermitentemente, nos recordaba su presencia con un desagradable zumbido. Creo que había algo más de muebles, quizás alguna mesa bajo la ventana. Confieso que debo haber estado nerviosa o emocionada porque siempre recuerdo esas cosas con absoluta precisión. Bueno, después de deslizarse con su habitual y personal modo de caminar, hasta la cocina , Levrero preparó un té y taza en mano comenzamos a conversar. Confieso también que tampoco recuerdo si sólo yo tomé el té o también Levrero, más aún , ni siquiera recuerdo si yo lo tomé, pero sí que fue a la cocina a prepararlo. Qué impresión me dio esa habitación? De algo muy gris, al día siguiente, en mi recuerdo, se parecía a esas oficinas de los periodistas en las películas americanas en blanco y negro. Algo así, como con falta de color, como si hubiera que ir con unas flores amarillas, un paquete rojo, o un abrigo azul para que contrastara y diera un toque cálido y matara esa austeridad solitaria del espacio.
Pero ese entorno espacial contrastaba, sin embargo, con la calidez del personaje. Me preguntó por mis orígenes, algunos datos de mi historia… Y hablamos. Es fácil hablar con Levrero, escucha mucho y habla también de sí mismo. Recuerdo que le conté que ahora que quería escribir tenía cierto miedo y que ese miedo me paralizaba aunque sentía una necesidad interior de hacerlo. Y entonces me animó mucho a escribir y me dijo que escribiera un diario, algo de cada día, como método para que de ahí surgieran cosas o quizás para que despertaran otras cosas. Eso es lo que interpreté de sus palabras. Hablamos de la expresión del espacio. No sé si fui yo o fue él , pero salió ese tema, recuerdo que le dije que en Ciudad, el único libro que leí suyo, sentía que el espacio no era espacial, que las cosas pasaban de un lado a otro como en agujeros pero en un plano o en una especie de cinta de Mebius y él me dijo que sí , que era así, que veía las cosas como en dos dimensiones, como en una película. También me contó acerca del libro que está escribiendo. En mi recuerdo quedó la idea de que había sido becado para completar un libro, ( hasta creo recordar un detalle, que gracias a la beca había logrado comprar el dichoso aparato de aire acondicionado ) que había escrito hace muchos años pero que al final el libro trata de cómo no se puede terminar ese libro… Bueno, entre fobias y hackers terminamos nuestra conversación no sin antes piropear ambos extensamente a nuestra bienamada Sor Juana. También creo recordar que el Maestro piropeó también las artes de la Varlottrice Jaquecosa y comentó algunas cosas del Taller Presencial y la fuerza de las emociones que, a veces, lo impregnaban.
Y, como dije en la Primera Parte, vuelvo a afirmar que Levrero no es cascarrabias.
Un abrazo a todos, myriam
19 / 11 / 2002

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