México, Historias imaginadas

Fotos de la tierra de mis amigos virtuales, mundos imaginados…
A mis amigos mexicanos

Xalapa- el pico de Orizaba
Desde mi ventana veo permanentemente la montaña, el Pico de Orizaba. En la noche, el cielo todavía negro a sus espaldas, se intuye como una mancha. Llega la tenue luz de la mañana y lo primero que se ve es el blanco del pico nevado como si flotara en el aire, luego se va corporeizando a medida que pasan las horas hasta que al atardecer, el cielo como un fuego, se dibuja netamente la silueta recortada, dramáticamente, con la fuerza contrastante del blanco en su parte más alta.
Esa montaña tiene presencia en mi vida, no sería lo mismo cualquier otro paisaje, necesito cantarla, narrarla, pintarla. Cuando arrecian la lluvia y el viento, ya no se ve en lontananza, la montaña desaparece y yo me siento perdida, con nostalgia.

Vera Cruz: una avenida, mucha gente, colores, palmeras, edificios desordenadamente implantados
Hoy fue día de fiesta, quedé en encontrarme con mis amigos en un bar, en el Malecón, para ver pasar el desfile. El sol caía vertical, hacía calor, la gente pasaba con sus ropas de colores. Había alegría, todos caminaban cubiertos con amplios sombreros, hacia la costanera, batiendo palmas y meneando sus cuerpos al compás de la música de una banda que abría la marcha.
Los edificios nos rodeaban desordenados, altos, bajos, con una presencia de arquitectura especulativa propia de estos balnearios. Venía de la playa, de sumergirme en el mar azul y cálido, sobretodo comparado con las frías olas de nuestro atlántico. Sentada bajo una sombrilla me refrescaba tomando cerveza mientras la música penetraba por los poros de la piel hasta que, pletórica de ritmo y del ambiente , me sumé a la festiva marcha.

Guanajuato: una gran iglesia con sus rojas cúpulas dominando el paisaje. A su alrededor se apiñan pequeñas casas bajando desde el borde de las montañas.
Viene la caravana cruzando las montañas desde el Norte, desde la zona de Aguas Mansas. Es una peregrinación a la Iglesia de Guanajuato. Avanzan lentamente por los senderos con mulas cargadas de bidones de agua, trajes ceremoniales y mantas para taparse en las noches frías de la montaña. En un momento dado, en una vuelta del camino, aparece allá abajo Guanajuato, todavía sumido en la noche, aunque allí arriba ya se ve clarear por el Este tras los picos que rodean la ciudad. Todos lanzan un grito, al unísono, de alegría desbordada. Se ponen los trajes de fiesta, y al compás de ocarinas, flautas, silbatos y timbales, con sombreros de colores, mezclando tradiciones , recuerdos y ropajes, bajan golpeando los pies contra la tierra marcando el ritmo de la danza. En la plaza de la iglesia los espera la gente del pueblo que ha llegado bajando las escaleras desde sus casas. Allí hay otros músicos tocando las mismas canciones atávicas. El sonido del valle se junta con el de la montaña y el pueblo se ve envuelto en la fiesta, en las pequeñas plazas, en las escalinatas, en las calles….

Guanajuato, una luz amarilla iluminando cuando cae la noche, callejuelas estrechas, una esquina, una casa.
Ella está detrás de la ventana trabajando, preparando su revista. Por sus hojas abiertas escucha las pisadas de la gente por la calle y las voces que rebotan y se cuelan como si salieran de sus historias de brujas y de hadas. Un farol tiñe de amarillo la estrecha callejuela donde se encuentra la entrada de la casa. Son las nueve de la noche, la ventana está iluminada, pasan unos amigos y le gritan, llamándola. Se asoma y les tira la llave. Es una noche tibia, propicia para la velada, pero hay que terminar la revista, sólo podrán compartir un rato.

México D. F. Una foto aérea, toda blanca, una sopa de edificios donde no se ve ninguna mancha verde, como si no hubiera ningún parque.
Estamos en México, la imagen de la universidad , su fachada toda pintada de colores me danza en la cabeza desde la época de estudiante. Y los murales de Diego Rivera y la autobiografía de Frida Kahlo. Ramón Mercader, el asesinato… México, sus editoriales, el gobierno español en el exilio, los mariachis. Eso era lo que tenía en mi cabeza, historias leídas, escuchadas desde la infancia. Hoy México son 20.000.000 de habitantes y yo camino entre mis recuerdos de mitos y de sueños y no puedo respirar, me siento asfixiada.

7 / 06 / 2002

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